El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha anunciado su dimisión tras una semana de tensión política. Su salida del Gobierno se produce en un contexto de presión electoral y críticas por el estado del sistema ferroviario. La decisión se tomó tras la aprobación de medidas destinadas a mejorar la situación de los trenes de alta velocidad.
Puente dejó su cargo el mismo día en que el Consejo de Ministros aprobó nuevas medidas para mitigar el descontento social generado por los accidentes ferroviarios. Su dimisión fue voluntaria, según fuentes del PSOE. Varios dirigentes del PP han reaccionado a su salida, sugiriendo que no fue un acto de dignidad, sino una decisión motivada por las encuestas.
La dimisión de Puente se produce tras dos años, once meses y trece días en el cargo. Durante este tiempo, enfrentó la oposición y cambió de rol, pasando de ser el escudo del gobierno a dejar el cargo en circunstancias complejas. Su equipo asegura que dejó un mensaje a sus colaboradores, indicando que "todo va a ir bien".
La situación se agrava con la crítica de expertos como el ingeniero García Ayllón, quien desmonta las excusas del exministro sobre el colapso ferroviario. La dimisión de Puente se considera necesaria pero insuficiente para resolver los problemas del sistema. Su salida refleja la presión política y la necesidad de reformas en el sector transporte.























