Más de 130.000 personas afectadas por los terremotos de junio aún no tienen acceso a agua potable en Venezuela, según un informe de World Vision. Tres meses después del sismo, las condiciones de vida en zonas afectadas siguen precarias. La falta de agua potable exacerba los riesgos sanitarios, especialmente en zonas con clima extremo.

Las autoridades locales y organizaciones humanitarias continúan trabajando para restablecer servicios básicos, pero la infraestructura dañada y la escasez de recursos retrasan los esfuerzos. Muchos niños y adultos se ven obligados a usar agua contaminada, lo que aumenta la vulnerabilidad a enfermedades.

La situación también afecta la educación, ya que muchas escuelas permanecen cerradas. La falta de agua y la inseguridad en las zonas afectadas dificultan la reanudación de clases. Organizaciones como World Vision han estado brindando apoyo, pero la escala del problema exige una respuesta más amplia.

La comunidad internacional ha llamado la atención sobre la crisis, pero el desafío sigue siendo enorme. La recuperación tomará tiempo, y la población sigue en espera de una solución duradera.