La frontera terrestre entre Marruecos y España mide solo 85 metros, lo que la convierte en la más pequeña del mundo. Este tramo, ubicado en la zona de Tarfaya, es considerado por Marruecos como un vestigio de la colonización española y un punto estratégico. España, por su parte, mantiene una postura de neutralidad, aunque reconoce la importancia del área en términos geográficos y políticos.

La situación ha generado discusiones sobre la soberanía y el control de la zona, especialmente tras la reclamación marroquí de los territorios históricos. Aunque no hay conflictos abiertos, la proximidad entre ambos países ha llevado a una vigilancia constante. La frontera, aunque corta, simboliza una tensión histórica que persiste en la relación bilateral.

La tensión entre Marruecos y España no se limita a esta frontera. En el contexto económico, Marruecos enfrenta desafíos en la producción de aceite de oliva, con expectativas de 4 euros el litro. Sin embargo, la competencia con España, que podría duplicar su producción, preocupa a los agricultores locales. Aunque estos temas son distintos, ambos reflejan la complejidad de las relaciones entre los dos países.