El Partido Popular (PP) acusa al Gobierno de fomentar disturbios durante la precampaña electoral, tras una serie de incidentes en ciudades como La Coruña, Barcelona y Bilbao. El PP considera que estas manifestaciones, aunque legítimas, han sido usadas como herramienta política por el Ejecutivo para desviar la atención de su gestión.

El Gobierno, por su parte, defiende el derecho a la protesta y condena el vandalismo. En declaraciones oficiales, ha rechazado las acusaciones del PP, destacando que las protestas son un derecho constitucional y que el Estado respeta la libertad de expresión. Sin embargo, ha llamado a la calma y a la responsabilidad ciudadana.

La situación se ha agravado en los últimos días, con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en varias ciudades. El PP ha utilizado estos sucesos como argumento para criticar la política del Ejecutivo, mientras que el PSOE ha defendido el derecho a la protesta y ha insistido en que las manifestaciones son una forma legítima de expresar opiniones.

El contexto de la campaña electoral ha influido en la intensidad de las protestas, con ambos partidos utilizando los sucesos para ganar apoyo en sus bases. Aunque el Gobierno ha mantenido una postura defensiva, el PP ha aprovechado la situación para cuestionar su gestión y su relación con las manifestaciones. La tensión entre los partidos se ha intensificado, con cada lado acusando al otro de usar la violencia para obtener ventaja política.