Los vecinos de Ceuta han rechazado públicamente al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante su visita a la ciudad, tras la suspensión del partido de fútbol que se celebraba en el estadio municipal. La protesta, que incluyó abucheos y gritos de "¡traidor!", se produjo en medio de tensiones políticas y sociales en la zona fronteriza.

Marlaska, en declaraciones posteriores, defendió la decisión de suspender el partido como una medida "solo basada en criterios técnicos", sin mencionar directamente la controversia generada. Sin embargo, la medida fue interpretada por muchos como una intervención política en la organización de eventos públicos en Ceuta, un territorio con autonomía especial.

La tensión se ha agravado con la presencia de migrantes en la calle, según cifras oficiales que sitúan a más de 3.500 personas en situación irregular en la ciudad. El ministro ha anunciado la ampliación de la presencia policial con tres pelotones de la Guardia Civil en la zona, como medida preventiva.

Aunque el gobierno defiende su postura, la comunidad local sigue mostrando descontento, especialmente tras las críticas del líder del PP, Alberto Fernández Díaz, quien ha acusado al Ejecutivo de "intromisión" en asuntos locales. La situación refleja la complejidad de la gestión de Ceuta en un contexto de inmigración y seguridad.